Chantajeando a mis alumnas



 Las tres estaban sentadas sobre el sillón, mirándome fijo. Yo, parado frente a ellas, con cara de empoderamiento y dominante. Sus caras de pena solo me incentivaban más a proponer mis términos. 

-Van a desaprobar, de una forma u otra lo harán, así que no hay más remedio que seguirme el juego niñas. 

Pasmadas y con miedo, se quedaron mirando mi enorme bulto que, ya después de un rato viéndolas con sus uniformes, se me había puesto muy duro, como una piedra. Eso solo las asustó más, al punto de empezar a lagrimear.

Una vez dejé en claro qué pasaría, empecé desabrochándome el pantalón lentamente, haciendo ruidos metálicos por la hebilla de la correa. Después de la correa, desabroché el botón del pantalón, bajando el cierre junto con el pantalón, quedándome en bóxer, dejando relucir mi enorme bulto erecto. 

Ellas, con lágrimas bajando por sus mejillas, se quedan estáticas ante dicha situación. Humedeciendo su camisa blanca en la parte superior de sus pechos gracias a las lágrimas. Acercándome lentamente a ellas, sobando mi bulto, miro a Vale. Una trigueña de pelo castaño que se encontraba en medio de las otras chicas. Su cuerpo delgado temblaba de miedo, en especial cuando se dio cuenta de que me dirigía a ella. 

-Ven y toca – dije, con autoridad y duro antes las peticiones. 

Empezó a sollozar moviendo la cabeza de izquierda a derecha, tratando de decir no. Eso no me importó y grité “¡ven y toca!” haciendo que las tres tengan un espasmo repentino. Vale, resignada y con temor a ser herida, estira su mano temblorosa hacia mi bulto, sobando lentamente nerviosa, con la mirada cabizbaja y avergonzada de lo que hacía. Sobando mi bulto, sintiendo la forma de mi pene erecto, me doy cuenta de la mirada de sus amigas, asustadas e impresionadas de lo que Vale hacía. 

Cuando sentí cierta humedad en mi bóxer, causada por el líquido preseminal, decido bajármelo mientras Vale aun sigue sobando. Al hacerlo, ella para y retira su mano rápidamente, dejando  bajarme el bóxer por completo. Al hacerlo, mi pene salió rebotando, dejando ver lo enorme que era. Un pene blanco, cabezón empapado en la puntita. Las chicas tuvieron pena y decidieron no mirarlo, eso hizo que me enojara. 

-No te dije que pararas de tocar – Vale me miró a los ojos, con lágrimas, tratando de parar el momento. Extendí mi mano para que ella me diera la suya, lo cual hizo con miedo. Llevé su mano hacia el tronco de mi pene, haciendo que ella lo agarrara. Con delicadeza empuñó mi pene, estática sin hacer ningún tipo de movimiento. Agarré su muñeca y la guíe con el movimiento para que me masturbara, empezando a mover su mano de adelante a atrás, temblorosa y avergonzada por hacerlo frente a sus amigas. Siguió tocándome mientras sus dos amigas veían con temor a ser ellas las siguientes, cosa que pasaría.

Después de un buen rato masturbándome, el líquido preseminal había salido a borbotones de mi pene, fue tanto que mi pene se puso baboso. Repentinamente, dije “basta” haciendo que las tres me miraran con el temor más profundo del momento. 

-Ahora tendrás que usar esa boquita niña – dije con seriedad y morbo. Vale solo se quedó quieta al escuchar, quitó su mano rápidamente de mi pene y volvió a mover la cabeza de izquierda a derecha, esta vez de manera desesperada. 

-¿Crees que tienes opción? Ustedes querían mejorar en sus notas, esta es la única manera. De una forma u otra no las pasaré de año si no me cumplen lo que les pido, así que haz caso niña.

Las tenía acorraladas, no había forma de escapar, si gritaban les iría peor, ellas lo sabían bien. Vale, resignada y con una enorme fuerza de voluntad, fue acercándose, con lágrimas y pequeños sollozos, hacia mi pene. Sus labios rojos fueron abriéndose a medida que se acercaba, sus manos estaban sobre su regazo y su mirada sobre mi pene baboso e intimidante. Sus ojos color miel lagrimeaban, pero eso no importaba, solo importaba que se lo trague. 

A pocos centímetros de mi pene, ella abre la boca. Se puede ver su lengua y lo profundo de su garganta, y con ganas de que todo acabe ya, se lo mete a la boca. Primero la cabeza, que lentamente fue saboreando, luego pasó a comerse todo el tronco, atragantándose y llenándolo de baba. Un poco de sus lágrimas, que aun caían por sus mejillas, se deslizaron por su mentón empapando parte de mis bolas por chocar contra este. 

Vale siguió chupando y chupando, haciendo ruido al chuparla y sacándola de golpe por las constantes arcadas que la obligaba a realizar, eso me excitaba mucho. Llenó de mucha baba su mentón pues no sabía cómo succionarla. Mientras me la chupaba, yo iba tocando sus pechos, a través de la camisa se podía ver su brasier color verde que tanto veía durante las clases. Largas clases viendo sus pechos y ese trasero paradito, largos momentos de morbo y perversión que no podía resistir por más tiempo. 

En el colegio en donde trabajo, las niñas son muy aventadas y atrevidas, subiéndose la falda arriba de la rodilla, haciendo que se vean sus bragas al subir escaleras. Durante los recreos veía las piernas rellenitas de las estudiantes, corriendo y saltando. Sus piernas rellenitas, con medias rojas que a veces llegaban hasta las rodillas, de todos los colores existentes; blancas, morenas, trigueñas, pálidas, negras. Tantos colores pero sin poder tocar, y ahora que tengo la oportunidad de tocar, no lo dejaré pasar. 

Después de un buen rato chupándome el pene, cojo a Vale de los brazos y la saco del sofá, parándola y tomando su lugar en medio de las otras dos chicas. 

-Quítate la falda, ¡ahora! – le grité para que se apresurara. Yo ya estaba con ganas de coger hace mucho tiempo, no podía aguantar más. 

Mientras se quitaba la falda, con lentitud y miedo, yo tocaba los muslos de las otras chicas que se encontraban a mis costados. Acariciaba lentamente esas piernas, alzando su falda y viendo su piel por debajo de esta. La chica de la izquierda, Shirley, es una chica blanquita con hermosos ojos y sexi silueta que le había echado el ojo hace tiempo. La chica de mi derecha, Sandra, morena con labios bembones y trasero deslumbrante, famosa por ser muy coqueta entre sus amigos. 

Vale se bajó la falda frente a nosotros, con miedo y pena, quedándose parada. Su calzón infantil de adornos de ositos me excito aun más, con sus piernas temblorosas y rellenitas, dejándose los zapatos y las medias rojas junto con su camisa blanca casi transparente.  

-Ahora bájate el calzón.

Ella, invadida por la incertidumbre, se queda sin hacerme caso. Tomé eso como una oportunidad para acercarme a ella y empezar a tocarla. Pasé mis manos por sus piernas, recorriéndolas con suavidad y disfrutando de cada centímetro. Al llegar arriba, la volteo de golpe para mirar su sexi trasero, dándole nalgada tras nalgada por no obedecer, haciendo que grite de dolor con cada una. Siguiendo con la dinámica, agarro su calzón de los costados y se lo bajo bruscamente, arañándola en el proceso, dejando ver su trasero al descubierto. Empecé a darle nalgadas otra vez, se podía ver como sus nalgas rebotaban y se movían con rapidez. Le agarré una nalga y la estiré para poder ver su ano y parte de su rajita. Pongo la palma de mi mano sobre su espalda, empujando para hacer que Vale se incline y me deje ver con claridad el paraíso oculto entre sus piernas. Una vez agachada, cojo sus dos nalgas y las separo para ver su rajita, sin humedad alguna, pero un deleite para mi vista. 

-Tenemos que solucionar este problema – digo mientras volteo a ver a Sandra con una sonrisa en mi cara. Regreso mi mirada donde Vale, que aun se encontraba inclinada, y paso a lamerle su coño junto con su ano, un beso negro. Me inclino con rapidez sacando mi lengua y humedeciendo la rajita de Vale, moviendo mi lengua de izquierda a derecha, jugando con sus labios. Se escucha a Vale quejarse, con sus manos pegadas al pecho con el puño cerrado decía “ya no por favor” entre lagrimeos y quejas. Shirley y Sandra se quedan pasmadas al verme chuparle el coño a su amiga. Yo empapaba todo con mi lengua, abría su rajita y escupía en ella, haciendo que gotitas de baba caigan al suelo. Cuando tenía mi cara metida en su trasero, le daba nalgadas haciendo que grite de dolor, o de placer, a esas alturas no sabía que podía ser. 

Una vez terminé mi recorrido con mi lengua, volteé a Vale bruscamente. Me acomodé en el sillón mientras la jalaba de la mano, abriéndola de piernas, haciendo que se siente encima de mí. Trataba de no hacerlo, pero mis insistencias eran tantas que la única opción que le quedaba era asentir y dejarse llevar. 

Entre lágrimas, cojo mi pene del tronco una vez se pone encima, rozo su rajita con la punta de mi pene, y se la meto lentamente. Con su vagina empapada y mi pene baboso no fue difícil entrar, se sentía apretada, pero no tanto. Ella ponía cara de dolor mientras entraba, sentía como sus manos apretaban fuertemente mis hombros. Cuando mi pene entró por completo, ella se quedó sentaba sobre él, esperando a que se le pase un poco el dolor. Después de un rato, la tomo de la cintura y la empiezo a guiar con el movimiento de arriba abajo, ella se deja guiar en los sentones, sin dejar de lagrimear, sin dejar de quejarse. Llevé mis manos arriba de su camisa para empezar a desabrocharla, quitándole el sostén y empezando a tocar sus senos. 

Vale seguía dando sentones lentos, pero tiernos. Yo quería algo más agresivo, ya había pasado mucho rato desde que se sentó en mí, entonces, para empezar a acelerar las cosas, paso mis manos por su espalda bajando hasta las nalgas, ahí, las agarro y las empiezo a mover de arriba abajo con rapidez para que Vale me siguiera el ritmo, lo cual pasó. Vale empezó a darme sentones más rápido, haciendo que se escuche la penetración. Cuando pasó eso, recordé que tenía a Shirley y Sandra a mis costados, entonces, pasé mis brazos por los hombros de ellas, haciendo que se recuesten sobre mí. Ellas aún seguían asustadas con la situación, pero se dejaban llevar para evitar problemas. 

-Quítense el calzón, las dos, ahora – les dije mientras estaban recostadas en mi con mis brazos alrededor de sus hombros. Curiosamente, Sandra fue la primera en hacerlo, sin negarse a la primera, caso contrario con Shirley. Ella se quedó mirando con miedo como Vale me daba sentones un tanto agresivos. Tuve que llevar mi mano entre sus piernas y comenzar a sobar su coño por encima de su calzón, para calentar más el momento. 

Cuando giré a ver a Sandra, veía como su calzón se deslizaba por sus piernas, quitándoselo sin dejar de ver como Vale me daba sentones. Cuanto se lo sacó del todo, mientras seguía recostada en mí, le alcé la falda y le abrí las piernas para poder ver su rajita y empezar a tocarla. Comencé a mover mis dedos en su rajita para hacer que se humedezca un poco, al ver que no pasaba, me chupo mis dedos para poder meterlos en su coño. Los fui metiendo lentamente, y al estar dentro, comencé a dedearla. Lo que me impresionó fue ver como se sobaba el clítoris disimuladamente sin dejar de ver a Vale dando sentones. 

Shirley seguía con mi mano entre sus piernas, sin hacer nada, con la fuerte respiración del comienzo. Para hacer que se meta en el momento con nosotros, saco mi pene del coño de Vale y hago que Shirley comience a chuparlo. Ella se resiste al comienzo, pero al final la convenzo. Mientras Shirley me la está chupando, le digo a Sandra que se comience a desvestir mientras me quito de encima a Vale. 

Vale ya había dejado de llorar, pero aun estaba asustada por la situación, su mirada lo decía todo, pero eso no me importó. Sandra se paró en frente mío y empezó a desvestirse a la par que Shirley la chupaba. Vale se sentó en el lugar de Sandra, y yo sin pensarlo dos veces, empecé a besarla de lengua, besos intentos que ella se resistía a darme. Cuando vi que Sandra se quedó completamente desnuda, cojo a Shirley de los pelos para que deje de chupármela y hago que Sandra se siente sobre mí, como lo hizo Vale. 

-Prepara ese coñito, que así te voy a coger – le dije a Shirley, obligándola a ver como mi pene entra en el coño de Sandra. Una vez dentro, Sandra comienza a darme sentones sin siquiera haberla guiado, eso me hizo dar cuenta de que ella ya había tenido numerosas cogidas. Mi pene resbaló al entrar y su coño no se sentía tan apretado, era obvio, era una dicha para mí. Ver los senos morenos de Sandra rebotando era sublime, no pude evitar chuparlos y mordisquearlos. Ella solo gemía y se mordía sus labios bembones, labios que no podía dejar de besar. 

Pasé mucho rato cogiendo con Sandra, lo hacía muy bien para ser menor, pero aún tenía que cogerme a Shirley. Cuando estuve a punto de venirme, paré de coger con Sandra de golpe, hice que se parara, al hacerlo, le di una nalgada. En eso, miro a Shirley y digo “tu turno, preciosa”.

Shirley era la más inocente de las tres, la más calladita de la clase, la que menos alboroto hacía, la blanquita de la clase. Vale y Sandra tenían cierta experiencia en el sexo, en especial Sandra, pero Shirley apenas había tocado un pene o algo por el estilo, comprendía su miedo en ese momento, pero mi morbo era más grande. 

Cuando Sandra se me quitó de encima, hice a un lado a Vale quien seguía recostada en mí, luego cogí a Shirley de los hombros y la empujé para que se acostara en el mueble, eso hizo que Vale se parara por la falta de espacio. Cuando tenía a Shirley acostada, le subí la falda lentamente, recorriendo con mis manos sus descoloridas piernas, llegando hasta su cazón y sujetándolo por los costados para comenzar a bajárselo lentamente. Tenía sus manos empuñadas y pegadas a sus pechos, mientras aún botaba un par de lágrimas. 

Sandra y Vale se quedaron paradas a mis espaldas viendo como desnudaba a Shirley entre sus quejas y sus resistencias para evitar que lo haga, sabía que nos veían, y eso me pervertía más el momento. Sabiendo que ellas escuchaban todo lo que le hacía a Shirley, comencé a ser brusco con ella, jalándola y abriéndola de piernas para penetrarla. Le había desabrochado la camisa y quitado el sostén, pero tantas eran mis ganas que no pude continuar y pasé a la parte en donde me la cogía. Una vez abierta de piernas, me le pongo encima para que no las pueda cerrar. Escupo en mi dedos para pasarlos por su coño y humedecerlos, una vez terminé de hacerlo, cojo mi pene y rozo su rajita con este. Ella dice “no profe no” entre lágrimas. 

Al escuchar sus súplicas, su enervada voz, sentía cierto agrado por los pequeños forcejeos que intentaba. Eso era el motivo para continuar. Entonces, con una mano le agarro los brazos por la muñecas extendiéndolas hacia arriba, mientras que con la otra mano cogía mi pene por el tronco, empujándolo contra su coño para poder penetrarla. A medida que iba entrando sentía lo apretado que estaba, se me complicaba hacerlo, pero entre sus súplicas y sus forcejeos me excitaba aún más. Llegó un momento en el que me harté de no poder entrar e hice un empujón brusco, haciendo que ella grite de dolor, sintiendo un líquido saliendo de su coño y resbalando por mi bolas. Cuando bajé la mirada para ver que era, ya que se sentía raro, vi que una pequeña gota de sangre se caía, “oh mierda” dije “esta chica es virgen”. Volví a mirar su rostro de tristeza y dolor, sentí una responsabilidad caer sobre mi espalda, no quería que en su primera vez la pasara mal.   

Cuando paré un momento, para que Shirley se le pasara un poco el dolor, me salí de encima y me senté en el sillón. La dejé un rato acostada, luego, la paré e intenté que se sentara sobre mi. Ella ya estaba muy cansada para entonces, había estado un rato intentando penetrarla a lo brusco, pero me di cuenta que esa no era la opción. 

El cuerpo de Shirley se sacudía por suaves espasmos, un temblor constante, no podía dejar las cosas así, así que acaricié suavemente su mejilla con una mano, pero ella se alejó un poco. Tomé su mano y la fui acercando a mi. Ella no quería moverse, mientras mi miembro seguía  erecto, no podía esperar más. Le grité que se acercara, sus ojos se empañaron con lágrimas pero aun así se acercó.

- ¡sube encima de mi! - dije autoritariamente.

A pesar de mover la cabeza de izquierda a derecha, se sentó a horcajadas sobre mi. Sujete el tronco de mi pene y comencé a pasar su cabeza por la entrada de Shirley; estaba húmeda por unas pocas gotas de sangre. Empujé un poco mi pene, ella cerró los ojos con dolor, a la vez que  introducía mi pene en su coño. Mientras la penetraba, Shirley cubría sus senos con los brazos. Esa niña no hacía otra cosa que excitarme durante las clases, dejando ver sus bragas cuando se sentaba sobre las mesas de la clase ¿y ahora era tímida?

Agarré sus muñecas y estiré sus brazos por encima de su cabeza. Sus pequeños, blancos y suaves pechos rebotaban suavemente con cada una de mis penetraciones.  Lagrimas corrían por sus mejillas.

- Ya deja de llorar -le dije- tu querías aprobar, este es el precio. 

Abrió los ojos, brillaban por las lágrimas, volteó a ver a las demás, cómo pidiendo que pararan todo. Sandra y Vale seguían paradas en un rincón, abrazadas, habían levantado sus camisas y tapaban sus cuerpos lo mejor que podían, casi las habían olvidado.

- ¿Acaso les dije que se vistieran? dejen caer la ropa al suelo -luego de unos momentos de duda, lo hicieron- ahora abrácense.

Las chicas quedaron pasmadas ante mi orden, pero obedecieron. Al ver cómo sus pechos se aplastaban entre sí, y sus pezones se rozaban, mis ganas de coger a Shirley aumentaron. Llevé mis manos a sus caderas, la levante un poco, lo suficiente para poder moverme con facilidad. Ya no me importaba si ella iba a moverse o no, yo me la cogería ella. Empecé a moverme, la bombeaba cada vez más rápido, y sus pechos rebotaban con la misma velocidad. Con mi boca sujete uno de sus pezones y Sherly soltó un sollozo. Mi pene entraba con más fuerza y más velocidad; sus sollozos parecían un hipo, se entrecortaban por mis embestidas, eso me fascinaba. Seguía algo apretada, pero podía cogerla. Ella intentaba no llorar, lo note cuando esnifaba sus mocos, pero no me importó, si quería llorar que lo hiciera, yo estaba a punto de venirme.

Seguí y seguí cogiéndomela, no paré para respirar, no paré por sus lágrimas, no paré por sus zolloceos. Paré porque sentí mi pene explotar dentro de ella. Solté un grito de cansancio cuando me vine, sentí mi pene moviéndome dentro de su coño con cada chorriada, también sentí su vagina contraerse por el dolor. Después de venirme, empecé a quitar mi pene lentamente del coño de Shirley, cuando salió, todo el semen cayó en mi pene, resbalándose por mi tronco hasta llegar a mis bolas. Del coño de Shirley salí una tirita de semente que terminaba en la punta de mi pene. 

Como mi pene quedó lleno de semen, miré a una de las chicas, “ven Sandra” dije, y ella hizo caso. Le ordené que comenzara a limpiar mi pene con su boca. Dudo un poco, pero aun así se arrodilló y comenzó a chuparlo, succionando todo el semen. Mientras lo hacía, vi a Vale parada a lo lejos, desnuda y vulnerable, en ese momento recordé la imagen de ella abrazada con Sandra, imagen que me excitó mucho en su momento. Cuando Sandra terminó, la cogí del mentón y la paré, luego le pedí la mano a Shirley quien aun seguí con fuertes respiraciones, y la paré. Luego miré a Vale y le dije “síguenos”, y las dirigí hacia mi cuarto en donde me las terminé de coger. 

Mientras a una la tenía sentada sobre mi cara, a otra le metía los dedos en el coño mientras me cogía a la otra, rotándolas cada cierto tiempo. Uno de los momentos más memorables de mi vida. Al terminar la tarde, ya casi oscureciéndose, hice que se vistieran, les llamé un taxí para que las llevara a la casa de cada. Antes les dije que le mintieran a sus padres que estuvieron en clases de reforzamiento conmigo, y que lo tendrían dos veces a la semana, claramente ellas entendieron a lo que me refería. Dejé bien en claro que si le decían a alguien lo que pasó les iría peor.

Así fue como conseguí cogerme a mis alumnas durante varios meses. A veces iban dos, otras solo una, pero cuando las tres iban la pasaba genial con mis niñas. Fuera de mi casa no nos dirigimos la palabra, para no levantar sospechas, otros profesores envidiaría lo que yo eh logrado con ellas. Con el pasar del tiempo, quería probar carne fresca, otro tipo de chica. Un día estaba sentado, esperando la hora de entrada. Los alumnos entraban de a poco a medida que llegaban, en eso, veo entrar a Alejandra. Una chica de enormes caderas y grandes labios, con un cabello castaño y ondulado. Entró y se sentó junto a su mejor amiga Yeni, una chica de piel pálida y cabello negro, pechos de chica japonesa y un poco achinada. En ese momento, en mi mente, me dije “espera, estas chicas están mal en sus notas”. Pero esa es otra historia.


hola que haces putito

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